Ante tus tiernos pechos me postro, bella.
Son preciosos, deliciosos.
Déjame sentirlos, déjame amarlos.
Sin tocarlos. No los toques.
No los toquemos. No los toques.
Que sean tus pechos el nexo de amor
que nos une.

Oh, preciosa nena. Oh, mi niña amada.
Tus pechos son míos. Los amo.
En mis sueños los tengo.
En mis sueños los ansío. Los anhelo.
Son mi sueño. Míos. Enteros.
Los mamo, delicado.
Y obtengo su leche. La tuya.

Esos pechos que me sienten.
Que sienten mi aliento sobrellos.
Esos pechos calientes o templados,
que me buscan, que me tienen. Siempre que los deseo. Que los busco.
Que los tengo.

Y me derramo por ellos, mi niña.
Y se me viene la leche por ellos, mi amor.
Amor mío. Todo mío. Tus pechos.
Mi vida.
Y tú me das su leche, tierna, amor.
La leche que deseo. Te amo.

No los toques, mi vida. No
toques esos tus pechos, amor.
Déjalos ser vírgenes para mí.
Para que los posea con mi boca de deseo,
con mis manos de deseo.
Me los das enteros.

Blanquitos tus pechos. Maravillosos.
Cuando pienso en ellos,
cuando los deseo,
sus pezones se erigen. Me apuntan.
Buscan mi boca llena de deseo.
Mis manos llenas de deseo. De pasión.
Por ellos. Los amo, mi vida. Te amo.

Tus pechos son maravillosos.
Se me viene la leche cuando los deseo.
Cuando los necesito. Cuando los amo.
Y me buscan. Y me encuentran.
Para darme de mamar.
Para que los mame. Para que los ame.

Autor: Carlos

Enviado por: carlosot  el  16-09-2016
Categoria: Pasión      Tipo publicación: Poema
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