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Cólera. - Publicar poemas en internet - Canal de Poemas

Ya está preparando el cerdote, hermano de la celosa, el altar. Para que todos vayan, parientes y desconocidos, a ver la luz que decidió quitar del mundo para ponerla en el altar. Para que todos vayan a verla y a llevarse su renuncia del mundo a casa. Todos los fines de semana, a partir de las 4 del sábado y hasta las 23 horas del domingo. Todos los fines de semana comienza el mismo soniquete desalentador. La misma canción irascible del cerdote herido que disimula su engaño diciendo que es a dios al que sirve. "Y a los ignorantes y cobardes", añado.

Ya está preparando el cerdote, hermano de la hermana celosa, o de la monja hermana que sustituye a la hermana celosa. La monja, esa mujer distinta pero igual a todas. Esa mujer disfrazada de convento cuando sale a la calle. La calle: un lugar al que se asoma uniformada cuando quiere dar la nota. Distinta. Para llamar la atención de los que llama ignorantes. Diciéndoles: todos somos iguales, menos yo, distinta. O todos somos distintos, menos yo, igual a todas las que visten de convento, como yo. Distinta en la calle. El lugar al que renuncié. El lugar a donde va disfrazada de cuando no puede soportar los celos. La calle: su circo. El convento: su disfraz". Y todo lo ha elegido como el frutero ser frutero. "Si quieres fruta ven por ella, yo soy fruta", dice. Y la monja dice: "llevo el convento en mis hábitos".

Todos los fines de semana, desde el sábado, comienza la furia del cerdote. La paz del mundo se recuerda. La esperanza queda al descubierto. El cerdote conecta con los celos de la hermana enclaustrada. Encerrada. Si sale a la calle sale disfrazada con los celos de sus hábitos. Celosa, dando la nota. Limpia. Disfrazada. Celosa es pecadora. Y el pecado es molesto (si no criminal), igual que los celos (criminales). Y si no ... se queda en casa, dando golpes, con sus celos y sus luchas por tener razón, usando a cualquier vecino que se le antoje. Camuflada. En un caso o en otro: para llamar la atención.

Para eso un señor pone su luz en el altar. Para que el carnicero siga siendo carnicero, el policía policía, el barrendero barrendero o la frutera frutera. Y sigan siendo ignorantes de todo lo demás. Todo lo demás se lo dejan al cerdote, al dios ignorante, al cobarde de sus vidas. Y todo para oír ante el altar: "no tengáis miedo, disimulad, disfrazaros de profesionales en la calle, igual que las hermanas monjas se disfrazan de monja en la calle, llevando al señor que nadie ve en sus hábitos lavados con detergente".

"Arrepiéntete de lo que has dicho. Retíralo", me dijeron. "Lo que digo lo he dicho siempre, sólo que ahora vosotros habéis abierto los ojos". No puedo retirar la verdad. Sólo ponerla delante vuestra. Habéis abierto los ojos a la verdad. Habéis salido a la calle a verla. Igual que yo he ido a vuestros templos y conventos a dejarla.

Autor: Carlos

Enviado por: carlosot  el  12-11-2016
Categoria: Engaño      Tipo publicación: Carta
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