No puedo querer que el tiempo pase más deprisa, me mueva yo o esté parado, ya que estoy en mi tiempo encerrado, sin opción a otro tiempo que no sea el mío.

No puedo querer que el tiempo corra más cuando yo corro. Ni que corra más cuando estoy quieto. Ni menos. No puedo querer.., ya que yo soy los minutos, las horas, los segundos. Los míos y los de tu reloj. Aunque los segundos fuesen horas yo seguiría en mi tiempo. Tiempo de lluvia, de frío, de calor. Tiempo de noche, tiempo de día. Mi tiempo.

No puedo querer que el tiempo pase deprisa fuera de mí, ajeno a mi voluntad, sin ser yo el que sienta que no es mío ese tiempo y se queje por ello. Se queja porque no hago lo que siento cuando lo siento: el quejido del destiempo.

No puedo querer... que el tiempo pase deprisa sin ser yo el que se precipite al abismo de la falta de ritmo, de paciencia, de respeto al ritmo que marcan mis minutos, mis segundos, mis horas: los de tu reloj. Sin ser yo el que me observe pasar, el que me observe ser. El que observe al tiempo que soy, siempre fiel a mi voluntad. Siempre conforme a ella.

No se rinde ese tiempo que no es mío a respetar mi tiempo. Igual que el tiempo de lluvia no respeta al río, haciéndolo desbordar. O el tiempo de frío no respeta a quien no quiere tanto frío. No se rinde ese tiempo que no es mi tiempo, sino el suyo: el del reloj. Y me pilla desnudo el frío en medio de un descampado. O el calor en el desierto. O una gota fría sin paraguas.

Autor: Carlos

Enviado por: carlosot  el  22-01-2017
Categoria: Éxito      Tipo publicación: Palabra
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